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Sara Herranz, semana 3

July 31, 2018

El ciclo menstrual afecta a todos los días de nuestro mes, desde que nos baja la regla, pasando por la pletórica fase de ovulación, hasta la tristeza y apatía del síndrome premenstrual. Esta es la historia REAL de mi menstruación ilustrada.

 

 

 

 

Comienzo a sentir los primeros síntomas de lo que han etiquetado como síndrome premenstrual. Los cambios físicos son los más fáciles de reconocer. Mis pechos están mucho más grandes y firmes, pero también más sensibles. Me duelen. Mi abdomen está hinchado.  Tengo la sensación de haber engordado un par de kilos en cuestión de días. Me siento incómoda en mi cuerpo. Estoy apática, con falta de ingenio, con falta de ganas. Mi introversión toma el protagonismo estos días y me cuesta relacionarme socialmente. Solo quiero tomarme un respiro, pedir comida grasienta a domicilio y retirarme a algún espacio en el que olvidarme de todo lo demás. Generalmente, se tiende a creer que es durante el sangrado el momento en el que más irritables estamos y nuestros cambios de humor son más bruscos. En mi caso, mi peor fase emocional ocurre cuando todavía faltan días para tener que usar un tampón.

 

 

 

 

 

 

 

El síndrome premenstrual es tremendamente sibilino. Se cuela de forma gradual y sin apenas darme cuenta me descubro lloriqueando mientras veo el videoclip del tema viral de la semana. Después del tercer visionado, entiendo que es por el recuerdo de una amiga de la infancia, de la que hace mucho tiempo que no sé nada. El estribillo se me pega como un mantra. Una bala en el pecho. Una bala en el pecho. Una bala en el pecho. Me resulta complejo poder diferenciar qué parte de lo que siento y de cómo lo siento es culpa del síndrome premenstrual. ¿Por qué estoy tan sensible? ¿Por qué estoy más tensa y solitaria estos días? ¿Por qué tengo pensamientos negativos y la sensación de que todo me va a salir mal?

 

 

 

 

El viernes mis amigos me arrastran a ver el eclipse lunar. El más largo del siglo. No me lo puedo perder. La brisa del parque, la música, las cervezas y la buena compañía hacen que me olvide de la dispersa y poco productiva semana que he tenido. Anochece. La luna de sangre aparece tímidamente entre las luces de la ciudad. Noto la humedad. Comienza el ciclo otra vez. Me ha bajado la regla

 

 

*En el artículo se hace referencia al videoclip de Rosalía, Pienso tu mirá (Cap.3: Celos).

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