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Elisa Serrano, se despide del verano

September 17, 2018


Desde que el cambio climático se acelera a pasos agigantados, parece que las únicas cuatro estaciones que veremos son las de la pizza con el mismo nombre. Aún así, que el verano se acaba, al menos en el calendario, es un hecho.  Atrás quedaron las piscinas municipales y los viajes a Benidorm, los tuppers de tortilla de patata en la playa y las litronas en la plaza del Dos de Mayo. Se acabó eso de andar por el mundo en plan comando y no poder pedir mayonesa en el bocata de calamares. 

 

Sin duda, lo que más recuerdo del verano es el helado. Me pasa como con la arena de la playa o con el semen, que cuando crees que te lo has quitado todo, siempre hay alguna mancha donde menos te la esperas y el recuerdo de esa transacción, de fuera a dentro, te golpea con el mismo efecto que el coletazo de un pez espada en la cara. El helado, como la humedad o el amor (que al final es tener la entrepierna húmeda todo el tiempo), te cala hasta el fondo y se mezcla con tu sangre.

 

En la última semana del verano, hacemos una cuenta atrás con una serie de siete microrrelatos articulados en torno a un protagonista principal e indiscutible: el helado. Siete modalidades de este dulce para reflexionar sobre siete momentos catárticos que determinaron el curso de una relación y marcaron el inicio del otoño.

 

 

 

 

Cuando era pequeña solía pensar que si alguna vez comía helado de la misma cuchara con un chico sería amor de verdad. Que luego compartiríamos el hilo dental, esperma, un hijo, una hipoteca y, finalmente, la tierra sobre nuestros ataúdes. Con el tiempo desarrollaste una intolerancia a la lactosa y no tuvimos más remedio que poner fin a lo nuestro.

 

 

ilustración @pattpon

texto @elisaa_serrano

editorial @conmilampollasediciones

 

Para GIRLS FROM TODAY 

 

 

 

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