Cuarentena para dos, Guiomar Puerta y Misterpiro

March 27, 2020

Ay el amor.

 

Ya hemos hablado anteriormente sobre cómo vivir la cuarentena con amigas. Martina Matencio nos contaba cómo está viviendo su confinamiento con dos amigas a las que adora. La también fotógrafa Cecilia Alvarez- Hevia nos contó todo acerca de vivirla sola. Hasta nos ha dejado su secreto más preciado: un menú especial cuarentena con recetas y todo.

 

Hemos hablado mucho de este encierro, pero todavía no habíamos comentado el tema de pasarlo en pareja.

Guiomar Puerta es una actriz maravillosa, activista y una persona que trasmite muy buena energía. Hoy tenemos la grandísima suerte de poder conocer otra de sus facetas, menos conocida. La de escribir

 

Guiomar y Piro son de esas parejas a las que imaginas riéndose todo el rato. De esos enamorados que parecen amigos, confidentes, un equipo. Son el parejón de este año 2020.

 

A partir de aquí escribe Gigi:

 

El día 1 de confinamiento empecé un diario. Era en realidad mi cuarta jornada de aislamiento social, así que en aquellas palabras anotadas (¿o agotadas?) empieza a entreverse cierto decaimiento. Los primeros días estuvieron repletos de actividades para distraer al minutero: me matriculé en dos cursos online, escuché decenas de podcasts sobre emprendimiento y motivación personal... Incluso empecé a fantasear con sacar adelante un proyecto empresarial. Agoté toda mi energía positiva y mis ganas de ser una mujer emprendedora.

 

El día 2 de confinamiento oficial, mi quinto día en casa, tiene la página en blanco. Igual que los días siguientes. No tengo nada que escribir. Pienso que, en adelante, tengo que aprender a gestionar mejor mi energía.

 

El día 3 de confinamiento oficial, mi chico (Piro, con quien estoy pasando la cuarentena) y yo nos damos cuenta de que llevamos casi un día sin hablar. Hemos exprimido todas nuestras conversaciones en esos primeros días.

- Me encantaría contarte algo, pero es que hoy no me ha pasado nada -me dice Piro.

Nos reímos, aunque no le falta razón. La noción del tiempo cambia en un estado de confinamiento. Las horas se dilatan, los días se desdibujan. El tiempo se llena de nada. En lugar de dedicarme a meditar o vivir el presente, como de pronto aconsejan todos los perfiles de Instagram, mi mente se encuentra en un viaje permanente al futuro. ¿Qué va a pasar con todo esto? ¿Cuándo va a terminar? ¿En qué condiciones?

 

El único momento en que realmente consigo habitar el instante presente es cuando cocino, así que ahora cocino todo el rato. Me he convertido, soy foodie. Cuelgo todos mis platos en Instagram y no puedo evitar sentirme culpable al pensar en toda esa gente que lo está pasando mucho peor que yo y que, quizá, no tiene ni acceso a comida. Mi madre siempre dice que el sentimiento de culpa es una lacra de la educación judeocristiana. Supongo que también debe tener un componente genético, porque yo me siento culpable y he crecido en laicidad.

 

 

También alimenta mi culpa el estar triste porque nuestra boda, prevista para junio, pueda verse afectada por esta crisis. Todo estaba saliendo tan bien. Supongo que hacía falta que las cosas alcanzasen cierto equilibrio. Lo cierto es que llevo soñando con el día de mi boda desde que soy pequeña, algo así como Mónica en Friends. Este estado de alarma podría haber sido un buen giro de guión para un capítulo, “El de cuando la boda de Mónica y Chandler se cancela por un virus”. Pero el capítulo siempre acabaría bien: improvisarían una boda en su apartamento junto a sus queridos amigos (porque obviamente estarían pasando la cuarentena juntos).

 

Mientras viajo a mi futuro próximo desde el sofá, no puedo sino desear lo mismo. Un final feliz. Porque si algo está consiguiendo este aislamiento es reafirmarme en mis ganas de pasar el resto de mi vida con Piro. El café que me lleva todas las mañanas a la cama ya era señal de que había elegido bien. Pero además, la fortaleza con la que está afrontando estos días, su amor y comprensión infinitas, son todo lo que puedo pedirle a un compañero de viaje. No habría otra persona con quien quisiera vivir esta cuarentena, o las que vinieran. Hablando por los codos o disfrutando del silencio. Aprendiendo a gestionar mi energía. Cocinando en nuestro ático interior sin vistas. Así que, aunque no le guste Friends y no entienda ninguna de las referencias de este texto, solo espero que el título de este capítulo de nuestra vida sea “El de cuando la boda de Gigi y Piro sale bien” y que nuestro amor renueve por muchas temporadas más.

 

 

Seguro que el testimonio de Gigi os ha encantado tanto como a mí. Sin duda nos quedamos con ganas de leer más relatos escritos por la actriz. Habrá qué esperar a Girls from today 4, ya que tenemos la gran suerte de poder contar con ella.

 

 

 

 

 

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