Newsletter from Abril 07 - Carta a Leonardo con Guiomar Puerta

La newsletter de Abril viene firmada por Guiomar Puerta, ya amiga y habitual de Girls from today💕, que se abre con nosotras (y vosotras) para compartir un texto dedicado a Leonardo, su perro y apoyo los últimos meses. Os dejamos con ella.

Guiomar forma parte de Cosas de las que no deberías hablar, el libro de Girls From Today, en el que también escribió un texto. Puedes conseguirlo aquí.


Leonardo, tú no tienes el certificado de perro de terapia, tampoco te hace falta. Pero si se lo pidiera a mi psicóloga sé que sacarías matrícula de honor en apoyo emocional, porque durante los meses más difíciles de mi vida no te has separado ni un segundo de mí.

La familia se rompió, yo me rompí, y tú me ayudaste a recoger mis pedazos del suelo. Entendiste muy pronto que a partir de ahora éramos sólo tú y yo, entendiste que ahora debíamos cuidar el uno del otro. Decidiste ocupar el lugar que se había quedado vacío al otro lado de la cama y empezaste a dormir apoyando la cabeza en la almohada. Por las noches te quedabas dormido mirándome, no estabas dispuesto a perderme de vista.

Tú, Leonardo, me obligaste a salir a la calle cuando no podía ni levantarme de la cama. Cuando salíamos a pasear y mi mente estaba tan nublada por los ansiolíticos que no sabía ni a dónde dirigía mis pasos, eras tú quien me llevaba a mí. Cada poco volvías atrás la mirada para comprobar que seguía manteniéndome en pie. Cuando mi cabeza estaba tan agotada que me perdía en las calles de nuestro barrio, tú me recordabas el camino a casa. Cuando una cascada de lágrimas inundaba mi rostro, acercabas tu hocico a mi mejilla para olerlas, acariciándome la tristeza. Me recordabas que te sirviera la comida y me tranquilizaba que al menos uno de los dos siguiera comiendo.

Cuando me puse enferma y pasaba las mañanas agarrada a la taza del váter, vomitando todo el dolor, te pegabas a mis pies haciéndote un ovillo. Cuando estaba tirada en el suelo rascabas mi cabeza para asegurarte de que me mantuviera despierta. Cuando me paraba en medio del pasillo sin saber a dónde ir te sentabas a mi lado, esperando paciente a que volviera en mí. La madrugada que mi cuerpo colapsó y acabé ingresada en Urgencias, entendiste que aquella noche la pasarías tú solo. Cuando volví a casa pesando cuarenta y tres kilos, tan débil que apenas podía sostenerme, entendiste que ahora caminaríamos más despacio, que los paseos serían más cortos.

Cuando estábamos en el parque bailabas a mi alrededor sobre tus patas traseras, obligándome a moverme para jugar contigo. Nos sentábamos juntos en el césped y contemplábamos los árboles y los pájaros y a otros perros, y me ayudaste a recordar la parte hermosa de la vida. Que hasta los días más oscuros encierran un oasis de belleza, que el cielo es azul y las nubes se mueven y cambian, y a los árboles se les caen las hojas y cambian, y los cachorros crecen y cambian. Que la vida siempre cambia y así es como se crece. Que el amor puede ser completo del mismo modo que una margarita tiene todos sus pétalos, y que no hay que deshojarla para preguntarte si te quiere porque la respuesta la tienes delante de tus ojos. Que los tréboles de cuatro hojas son un cuento y que por mucho que los busques no aparecen, porque no hay que creer en la suerte ni en el destino, porque mi única fe a partir de ahora es el amor propio.